Técnicas para un vadeo seguro
Adaptación de un artículo de la revista dánica
Alejandro López PiedraTécnicas para un vadeo seguro
Adaptación de un artículo de Alejandro López Piedra de revista Dánica
Vadear es una actividad frecuente y muchas veces indispensable cuando pescamos en un río, y no siempre le damos la importancia que merece. Analizaremos el material y las técnicas para que el vadeo siga siendo una herramienta útil y sobre todo segura a la hora de afrontar una jornada de pesca.
Lo reconozco, no soy un entusiasta del vadeo. No me siento a gusto sumergido en una tabla hasta la cintura, con mis pies “levitando” sobre un lecho irregular y resbaladizo. Soy consciente de que en los tiempos que corren, pescar más peces significa en ocasiones acceder a los lugares más inaccesibles, en los que hay que poner toda la “carne en el asador” y llegar a ellos vadeando. Pero incluso si eres un tipo tranquilo, al que no gustan los sobresaltos ni las maniobras arriesgadas, estarás conmigo en que vadear una corriente, del tipo que sea, forma parte de cualquier día normal de pesca.
Analizando el material
Ya que nos ponemos a cruzar el río, lo debemos hacer de la mejor manera posible y, si podemos, con el mejor equipo. Aquí van unos consejillos:
Sistemas de adherencia
Empecemos por lo básico: el agarre de nuestros pies al fondo del río. Las clásicas cadenas de eslabones, por su peso, peligro de enganches en ramas y el ruido que generan, han caído en el olvido y han sido sustituidas por suelas revestidas de fieltro, ligero y adherente, si bien el desgaste que sufren y su despegado de la suela madre hace que tengan que pegarse con una prensa y cola fuerte, algo que al menos yo prefiero dejar en manos de un buen zapatero.
Una variación son las suelas de fieltro con clavos de tungsteno incrustados. Este material es de una extraordinaria dureza, cercana a la del diamante, por lo cual se desgastará antes la suela o la bota que los clavos; proporcionan mayor adherencia en rocas con algas adheridas, pero resultan comprometidos en terreno rocoso “limpio” —piedras pulidas y secas, asfalto—. Existen también suelas de fieltro con clavos intercambiables, pero ten cuidado, estos clavos son de zinc o acero inoxidable, no de tungsteno, y durarán menos tiempo.
Los vadeadores
Los mejores en cuanto a seguridad son sin duda los de neopreno, al ayudar a flotar y protegernos de los golpes contra las piedras en caso de caída al agua. Cualquier otro tipo de vadeador como el PVC o los transpirables no flotarán y transmitirán más los golpes contra el lecho. En su contra tienen la escasa movilidad que ofrecen para nadar de forma activa, pues resultan pesados.
El bastón de vadeo
El bastón de vadeo va ganando adeptos día a día y con razón, pues es nuestra tercera pierna. Desde el sencillo bastón de madera, tipo “cachaba” o “cayao”, rematado en punta metálica o con taco de goma, hasta los específicos para la pesca, plegables y de aluminio, pasando por los utilizados por los aficionados al “trekking”: telescópicos, regulables en altura y muy ligeros.
Yo prefiero los plegables por ser mucho más cómodos.
Deben ir sujetos con cordón —al cinturón o al chaleco— y poseer un sistema de desenganche rápido. El bastón te resultará además una útil guía cuando ignoremos la profundidad del lecho del río por donde pretendamos vadear.
Cinturón de vadeo
Complemento vital, pues evita la entrada de agua por debajo de la cintura. Los mejores son de tejido elástico —neopreno—, con enganches tipo “cierre rápido” y con la posibilidad de regular el apriete a la cintura de modo sencillo.
Sin ellos, al entrar agua en el vadeador, aumentamos nuestro peso, disminuimos la movilidad e incrementamos el nerviosismo. Un mal negocio.
Chalecos de emergencia
Poco usados en nuestro país. “Cosa de americanos” según muchos. Son ligeros chalecos inflables mediante una pequeña bombona de gas CO2. Su escala se mide en Newtons —el de 150 N es el universal— y los más sofisticados y caros se inflan automáticamente al entrar en contacto con el agua.
Son un buen complemento para pescar ríos caudalosos y profundos, o aquellos que sufren variaciones diarias de caudal. Muy útil sobre todo si eres de los que arriesgan mucho. Puedes encontrarlos en tiendas especializadas en náutica. Recuerda que son un complemento extra de seguridad, no una licencia para la imprudencia.
Leer el río y planificar el vadeo
Antes de meternos en el río examinaremos la velocidad del agua, la anchura del tramo y su profundidad. Los mejores pasos suelen localizarse en zonas anchas y poco profundas, con poco tiro.
Conviene observar el tipo de fondo, si es de cantos rodados sueltos, bloques grandes fijos, gravas o piedras tapizadas de denso verdín... El lecho del río, que con frecuencia no es uniforme a lo largo de la línea imaginaria que nos llevará de una a otra orilla, puede inferirse mediante una atenta mirada y algo de práctica.
Así, si percibimos que la superficie del agua no es plana y presenta ondulaciones, pequeños remolinos y, por supuesto, turbulencias más o menos manifiestas, puedes estar seguro de que el fondo no es homogéneo, tendrá escalones, desniveles y grandes obstáculos ocultos bajo el agua. No será pues un buen sitio para vadear.
Recuerda que un río suele estar en permanente cambio, y lo que ayer era un paso seguro hoy puede haberse convertido en peligroso, pues la última crecida ha podido cambiar la distribución de las rocas del fondo. Lee el río al igual que haces al leer las posturas de los peces.
Es recomendable “visualizar” la trayectoria natatoria a seguir y observar ambas márgenes para planificar la hipotética salida “aguas abajo” en caso de que seas víctima de un inoportuno resbalón. Esto no se suele tener nunca en cuenta, y puedo asegurar que en el momento de ser “hombre al agua” hace falta un gran autocontrol para no perder los nervios en caso de que la salida no esté próxima al lugar de la caída.
Si las orillas están enmarañadas, muy escarpadas o erosionadas, no tendrás más remedio que flotar un rato aguas abajo —a veces cientos de metros—. Localiza los remolinos, rocas salientes y troncos semihundidos aguas abajo de dónde vas a vadear, pues son peligrosos en caso de que te vayas de frente contra ellos.
Si todos estos detalles los conoces de antemano, podrás ahorrarte más de un susto y todo quedará en un buen chapuzón.
La técnica en el vadeo
Vadear, como pescar, es cuestión de práctica. Y vadear con seguridad no es fruto de la casualidad, sino de la experiencia y conocimientos adquiridos tras muchas horas en el río.
No es mejor pescador el que más vadea, sino el que sabe hacerlo en los momentos oportunos y del modo más seguro.
Manejando el bastón
El bastón de vadeo nos será siempre muy útil al ser un punto de apoyo adicional a nuestras piernas. Deberá tener una altura adecuada a nuestra estatura, ni muy corto ni muy largo. Si es corto nos hará vadear inclinados, resultando una posición inestable. Si es largo, la posición elevada del brazo que lo sujeta dificultará guardar el equilibrio.
Empezamos el vadeo adelantando el bastón, tanteando el fondo y buscando su asentamiento firme y seguro; entonces se adelanta el pie contrario a la mano que lo sujeta; luego se adelanta el otro pie, descansando siempre nuestro peso en el bastón, que tiene que ser fuerte y robusto para poder confiar en él.
Ahora el bastón vuelve a adelantarse y repetimos la secuencia. El bastón debe dirigirse siempre hacia delante, pues en caso de resbalar será más fácil buscar el apoyo necesario si éste está localizado delante nuestro que si está detrás.
Manéjalo separado del cuerpo para que no se interponga entre tus pasos y te haga caer. La clave consiste en mantener bien asegurados en el cauce dos puntos de apoyo: los dos pies mientras el bastón cambia de posición, o un pie y el bastón mientras el otro pie se levanta para dar el paso. Es cuestión de equilibrio.
Vadeando
Al cruzar la corriente, afronta ésta oblicuamente, de lado, y en ligero sentido descendente, apoyando el bastón aguas abajo.
No obstante, si remontas una fuerte corriente, puedes inclinar tu cuerpo contra ésta y dirigir el bastón aguas arriba, aunque el empuje del agua dificultará su asentamiento, pues tenderá a flotar.
Yo he incrementado el peso del bastón mediante un casquillo de latón en su extremo, y mejora los resultados.
Evita subir a grandes bloques semisumergidos, pueden tener contornos irregulares y muy profundos de los que es peligroso bajar. Refúgiate tras ellos para descansar mientras pescas o vadeas los chorros. Nunca subas a grandes rocas por el lado aguas arriba, puede estar horadada formando una cueva y te puede atrapar.
En tabladas, calcula mentalmente la trayectoria a seguir: si empiezas a vadear demasiado cerca del fin de una tabla, puedes verte en la zona de rápida corriente en que suelen terminar éstas y lejos aún de la orilla. Es una situación comprometida que te obligará a arriesgar tanto si decides seguir cruzando, como si optas por darte la vuelta y regresar.
Para esto último, sujeta la caña en el cinturón o en el chaleco, sitúa el bastón aguas abajo, sujétalo con las dos manos y ve rotando muy, muy despacio.
Cuando nos caemos
La caída al agua se produce con frecuencia por un mal asentamiento tanto de los pies como del bastón de vadeo. Es crucial el tanteo antes de dar por fijo y seguro el asentamiento de los mismos. Aun así, podemos perder el equilibrio y ser arrastrados por la corriente.
Cuando esto ocurre es fundamental mantener la calma.
La primera reacción suele ser de apuro, incluso de pánico, por lo inesperado del resbalón y el miedo a lo desconocido. Si el agua está muy fría, el shock térmico puede llegar a paralizarte física y mentalmente. Estos dos factores, en especial la pérdida de autocontrol es lo que más puede comprometer tu seguridad.
Lo cierto es que mantenerse a flote y nadar dejándose llevar por la corriente es una maniobra más sencilla de lo que la mayoría piensa. Adopta la postura de seguridad con rapidez, no agites los brazos y no grites o tragarás mucha agua.
Procura plegar el bastón en cuanto puedas para que no se enganche y no te golpees con él. Si los rápidos están cerca, concéntrate en adoptar la posición de seguridad y entrar en ellos en esa postura: boca arriba, las piernas y pies por delante, ligeramente dobladas y preparadas para amortiguar el posible golpe contra las rocas.
Las manos y brazos nos servirán para mantener la estabilidad y la cabeza a flote evitando el volteo y dejándonos intuir los obstáculos. La visibilidad resultará complicada al ir las piernas levantadas y la cabeza a ras de agua.
Grandes ríos
La entrada a pozos o zonas de mucha profundidad no debe alterarnos. No tratemos de tantear el fondo con los pies, pues al ponernos en posición vertical podemos hundirnos. Es mejor seguir nadando en la posición de seguridad o de lado. La movilidad de las piernas será siempre limitada, así que usaremos los brazos y manos como timón.
Los troncos semisumergidos o que salen de la orilla hacia el centro del cauce son refugios falsos y muy peligrosos, ya que pueden golpearnos en la cabeza o enredarnos con sus ramas.
Si ves que inevitablemente vas a dar contra una de éstas, lo más seguro es darse la vuelta, pasar desde la posición de seguridad a la natación activa estilo “crawl” y nadar con fuerza para sortear el obstáculo pasando por encima de él.
Sujetarse a los árboles de la orilla es muy arriesgado, pues nos cansaremos pronto y daremos oportunidad a que los vadeadores vayan llenándose de agua. Ten en cuenta que la frialdad del agua puede dejarte sin fuerzas en cuestión de minutos, y salir del agua agarrado a ellos es prácticamente imposible.
Otras situaciones de vadeo
Durante la noche es recomendable no vadear. La luz de la linterna no sirve de mucho debido a los reflejos que se producen. Si fuese imprescindible, es mejor hacerlo con un compañero. El más robusto y fuerte irá delante, el otro hace de pivote de seguridad, mientras que el primero va abriendo camino, un camino que debe ser conocido, ya que habremos tomado referencias en las orillas —árboles, vados, rocas, etcétera— para seguir la dirección de vadeo más segura.
El vadeo en parejas también será útil para vadear fuertes y profundas tablas. Exige coordinación de movimientos y comunicación, ya que iremos preguntando al compañero cómo vamos y si tenemos alguna dificultad durante la maniobra.
Cuando esto suceda habrá que estar alerta para ofrecerle estabilidad y no perder el equilibrio los dos a la vez.
En tablas y raseras poco profundas no debemos confiarnos. Así, en ríos de llanura puede ocurrir que la fina grava donde reposan tus pies mientras cruzas sea excavada por la fuerte corriente, volteándote y haciendo que caigas al agua. Extrema la precaución.
Las riadas pueden destruir escolleras y depositar grandes rocas en los fondos. Al tener formas muy irregulares y aristas cortantes, son zonas peligrosas para vadear, ya que pueden provocar golpes y aprisionamiento de los pies.
En zonas con limos o sedimentos, muévete rápido, con pasos largos y apoyándote en el bastón para evitar hundir las piernas al caminar. Muchos ríos pueden tener áreas puntuales con losas de pizarra o arcillas en las que es difícil caminar y muy fácil resbalar. Ve siempre atento al terreno que pisas.
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La novedad se llama aquastealth
La última es la suela aquastealth, un tipo de goma muy adherente, como bien dice el fabricante, pero que también tiene detractores. Como ventajas, la de ser mucho más ligera que el fieltro, ya que no se empapa de agua como aquel; y comodidad cuando se camina alternando recorridos en seco con tramos dentro del agua, pues cansan menos.
Pueden incorporar igualmente clavos. Si tuviera que escoger, me quedaría con un par de robustas botas para ríos de grandes bloques de piedra y cantos rodados, y un par más ligero para ríos de llanura con lechos de grava y arena; ambas con suela de fieltro y con clavos de tungsteno en el primer caso, y siempre con vadeadores de calcetín, por ir el pie más sujeto, más seguro contra golpes, torceduras y caídas y, por qué no, más cómodo —aunque esto último es subjetivo—.
Algunos consejos finales
- Lleva siempre ropa de repuesto. De un buen remojón nadie está libre.
- Cuando vayas a vadear, informa de tus intenciones a otros pescadores que estén cerca. Evitarás molestias y es probable que alguno observe tus movimientos.
- Lleva sujetas las cajas, corta-hilos y gafas, si las usas —deja unas de repuesto en el coche—; si caes al agua es muy fácil que se pierdan.
- Si pescas un río por primera vez, pregunta si puede sufrir incrementos repentinos de caudal. En algunos lugares este riesgo es real aun no estando regulado, por ejemplo ante fuertes tormentas.
- En corrientes, a mayor profundidad, mayor peso y empuje del agua sobre nuestro cuerpo. Vadear por encima de la cintura empieza a ser comprometido.
- No vadees si el río baja alto, crecido o con riada. En ríos caudalosos y profundos, procura pescar acompañado.
- El cansancio disminuye tus fuerzas y reflejos. Ingiere alimentos y líquidos durante la jornada de pesca para prevenirlo. Si estás cansado, no vadees pasos difíciles.
- Si tienes oportunidad, anímate y apúntate a bajar un río en kayak, rafting o hidrospeed. Además de ser divertido, te ayudará a percibir las sensaciones desde “dentro del río” y a ganar confianza si algún día te ves inmerso en una fuerte corriente.
- Conoce tus limitaciones y no las sobrepases nunca. Sé prudente y evita riesgos innecesarios. Es el mejor consejo que puedes seguir.


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