Vadear por lo seguro
Fernando UhíaVadear es cruzar un río a pie y, por extensión, para nosotros los pescadores, también significa caminar por su lecho. La práctica del vadeo nos permite desplazarnos por el río y elegir la ubicación más favorable respecto del pez o de la orilla que intentamos pescar.
Es importante conocer la manera más segura de hacerlo, para llegar adonde queremos evitando dificultades innecesarias.
La seguridad comienza por contar con el equipo adecuado: waders, botines de vadeo, cinturón y bastón. A eso debemos sumar prudencia y sentido común, elementos que no se compran en los comercios, sino que se adquieren mediante la experiencia propia o la transmitida por otros. Eso es, justamente, lo que intento hacer con esta nota.
El equipo
El wader nos permite vadear sin mojarnos. Si hace calor y no le importa mojarse, puede prescindir de él. Sin embargo, siempre conviene usar botines adecuados.
El wader debe tener el tamaño correcto y permitirnos realizar movimientos amplios sin restricciones, algo que puede ser necesario en medio de un cruce. Si no podemos agacharnos cómodamente o levantar una pierna para superar una roca, no contamos con la libertad de movimiento necesaria.
Los waders de neoprene son ajustados pero elásticos, aíslan del frío y poseen flotabilidad positiva. Conviene tenerlos en cuenta al comprar un par adicional o reemplazar los que ya tenemos.
Un cinturón ayuda a impedir que los waders se llenen de agua en caso de una caída. Un chaleco inflable también constituye una buena medida de seguridad, incluso para quienes saben nadar bien, ya que el shock producido por la inmersión en agua muy fría puede resultar paralizante. El chaleco nos mantendrá a flote.
Probablemente lo más importante sea utilizar un buen par de botines de vadeo con suela de fieltro. Esto resulta especialmente necesario en los ríos donde pescamos truchas, cuyo lecho está formado, en gran parte, por piedras redondeadas y sueltas, muchas veces cubiertas de algas.
El plástico, la goma o el cuero utilizados en el calzado común resbalan sobre estas piedras mojadas. El fieltro, en cambio, ofrece una adherencia mucho mayor y permite caminar con
más seguridad.
En caso de necesidad también pueden utilizarse suelas de cáñamo o incluso materiales similares a las alfombras, adheridos con cemento de contacto, aunque su duración es
sensiblemente menor. El mejor fieltro es el sintético, como el que incorporan los botines que se venden en comercios especializados y que también puede conseguirse como repuesto.
El fieltro tiene u na vida ú til limitada, n o sólo por e l desgaste s ino p orque, con el uso sobre terreno seco y el peso del pescador, se va compactando y acumulando polvo. De ese modo pierde parte de su capacidad de adherencia sobre la piedra mojada. Por eso resulta conveniente reemplazarlo cada dos o tres temporadas, dependiendo del peso del escador y de cuánto camine.
Cuando las piedras son extremadamente pulidas o existe una gran cantidad de algas, puede ser necesario recurrir a suelas de fieltro con clavos o a sandalias con perfiles de aluminio,
aunque estas situaciones no son demasiado frecuentes en nuestro país.
También es importante considerar que unos botines correctamente ajustados protegen los pies y los tobillos contra golpes y torceduras, aportando seguridad y comodidad. Por esta
razón, los waders con bota incorporada pueden resultar cómodos para recorridos breves o fondos de arena, como los de algunos lagos, pero no son los más apropiados para caminar entre las piedras de un río.
El bastón de vadeo es otro elemento de gran utilidad y, sin embargo, suele emplearse menos de lo que merece. Nos proporciona un tercer punto de apoyo: en la práctica, funciona casi como una pierna adicional.
Al avanzar, coloque el bastón aguas arriba y apóyese firmemente en él. De este modo contará con dos puntos de sustentación incluso mientras uno de sus pies busca apoyo entre las
piedras del fondo.
Si la fuerza de la corriente lo hace resbalar, podrá encontrar rápidamente un nuevo apoyo con el bastón y recuperar la estabilidad. Si, por el contrario, coloca el bastón aguas abajo, su cuerpo tenderá a pivotar sobre él y será mucho más fácil perder el equilibrio.
El bastón resulta particularmente útil cuando el río tiene grandes piedras en el fondo, abundantes algas, mucha pendiente, corrientes fuertes, pozos que deben tantearse durante el
avance o vados complicados. Es decir, prácticamente siempre.
No todos los bastones disponibles en los comercios resultan adecuados. Deben ser resistentes y s uficientemente l argos. E n m edio d e u n c ruce, c on e l agua h asta l a c intura y
tratando de mantener el equilibrio, no resulta conveniente tener que agacharse para buscar apoyo.
Mido 1,76 metros y utilizo un bastón de 1,40 metros confeccionado con caña coligüe y provisto de un regatón de bronce cargado con plomo, para que llegue rápidamente al fondo. Un viejo bastón de esquí también puede servir. Y, en una emergencia, cualquier bastón es mejor que ninguno.
Una rama o una caña encontrada en el lugar pueden utilizarse como solución circunstancial, aunque debe recordarse que no está permitido cortar vegetación dentro de los Parques
Nacionales.
El bastón debería contar con una cuerda que permita sujetarlo al chaleco y dejarlo derivar aguas abajo mientras pescamos, ya que para ello necesitaremos ambas manos.
Sea comprado, fabricado por nosotros mismos, prestado o improvisado, conviene probarlo antes de utilizarlo para vadear. Apoye sobre él todo el peso de su cuerpo. Tal vez necesite
hacerlo más tarde, en medio de un cruce y en un momento en que su estabilidad dependa de ese bastón. Es mucho mejor saber de antemano si podemos confiar en él.
Hay, además, otro aspecto a considerar. El sonido se transmite a través del agua con mucha mayor eficiencia que por el aire. Cada vez que el bastón golpea el fondo estamos anunciando nuestra presencia a los peces. Avancemos, entonces, con cuidado y sigilo.
Elegir el lugar Lo primero que debemos hacer es observar el río y decidir por dónde intentaremos vadear.
El cauce de un río no es homogéneo como una canaleta. Por el contrario, presenta una sucesión irregular de desniveles que el tiempo y las crecidas han transformado en correderas,
pozones, bancos y canales mediante el desplazamiento y la acumulación de materiales.
El río ofrece constantes variaciones de ancho y profundidad, además de cambios en la composición del fondo y en la velocidad de la corriente. Por ello es necesario elegir con
atención el lugar de cruce y planificarlo previamente.
Mi costumbre es caminar primero aguas arriba y regresar después pescando. De esa manera puedo observar el río con anticipación y planificar los cruces por los sitios que me parecen más convenientes y seguros.
Siempre prefiero retroceder quinientos metros o dejar de pescar un sector interesante antes que intentar vadear por un lugar riesgoso.
Es aconsejable utilizar vados conocidos y observar siempre la altura del agua y la velocidad de la corriente, porque ambas pueden modificar profundamente las condiciones de un cruce que otras veces resultó sencillo.
Cuando pescamos un río que no conocemos bien, puede resultar muy útil contar con la ayuda de un guía o de alguien familiarizado con el lugar, que podrá indicarnos los mejores cruces.
Sea prudente.
Recuerdo una escena de la película Nada es para siempre, cuyo argumento gira alrededor de la pesca con mosca y que muchos seguramente habrán disfrutado.
Uno de los protagonistas —interpretado por Brad Pitt—, después de clavar una gran trucha, no duda en seguirla aguas abajo, dejándose arrastrar por la corriente, caña en mano, entre rápidos, aguas blancas y grandes rocas del Blackfoot. Finalmente emerge sin haber perdido siquiera el sombrero y consigue capturar la trucha.
Todo ocurre ante la mirada de su hermano y de su padre, quienes lo felicitan y reconocen como un gran pescador, en lugar de reprocharle semejante demostración de imprudencia y
desprecio por su propia seguridad.
Pero, por supuesto, estas cosas funcionan mejor en el cine que en la realidad. La escena sirve, en todo caso, como ejemplo de lo que no debemos hacer.
Conviene vadear allí donde el río es más ancho, ya que normalmente eso indica una corriente menos intensa y una profundidad menor. Este tipo de sector suele encontrarse aguas abajo de un pozón y antes de una corredera.
Observe también la superficie del agua. Muchas veces revelará la presencia de obstáculos sumergidos, como grandes piedras o troncos. Una superficie relativamente lisa suele indicar
un fondo más parejo y una corriente uniforme.
Antes de comenzar el cruce, imagine que algo podría salir mal y busque una posible “salida de emergencia”. Esta debería encontrarse aguas abajo, para evitar tener que luchar contra la corriente.
Si durante el cruce descubre una corriente más fuerte o una profundidad mayor que la prevista, no dude en retroceder y buscar un vado mejor.
La técnica Cruce la corriente de manera perpendicular o ligeramente en dirección aguas abajo.
Comience lentamente, moviendo primero el pie situado aguas arriba y avanzándolo aproximadamente medio paso. Éste será su pie de avance, mientras que el ubicado aguas
abajo funcionará como pie de anclaje.
El pie de avance debe apuntar en la dirección de marcha y ligeramente aguas arriba. El pie de anclaje se apoya formando aproximadamente un ángulo de 45 grados con respecto al primero.
De esta manera se obtiene una buena base de sustentación.
Cuando el pie de avance encuentre un apoyo firme, transfiera hacia él el peso del cuerpo y adelante el pie de anclaje la misma distancia. El pie de anclaje nunca debería superar al de
avance, ya que esto reduciría la estabilidad.
Así, ambos pies mantienen el apoyo y la pierna adelantada enfrenta la corriente.
Si en algún momento necesita darse vuelta, por ejemplo para retroceder, procure hacerlo de cara a la corriente. Ésa es la posición que permite recuperar más fácilmente el equilibrio en caso de perderlo.
Todo esto resulta mucho más sencillo con un bastón de vadeo, ya que proporciona un tercer punto de apoyo y amplía considerablemente la base de sustentación.
Cruzar de a dos
Vadear en equipo puede ser una forma muy segura de cruzar un río.
Tal vez dos cabezas piensen mejor que una, pero seguramente cuatro piernas ofrecen mayor estabilidad que dos. Si cuenta con un compañero de pesca, puede formar con él una especie de “sociedad cuadrúpeda transitoria” para enfrentar un cruce difícil.
El pescador más fuerte, pesado o experimentado debe ubicarse aguas arriba, recibiendo la mayor presión de la corriente y dirigiendo el cruce. Si hay un solo bastón, debería utilizarlo él.
El segundo pescador funcionará como anclaje y tendrá que coordinar su avance con el primero, procurando que entre ambos haya siempre por lo menos tres pies firmemente
apoyados.
Ambos deben sujetarse con firmeza por los brazos hasta completar el cruce.
Puede incorporarse un tercer pescador, aunque en ese caso la coordinación se vuelve más compleja y requiere todavía mayor atención.
Esta técnica resulta especialmente útil cuando es necesario ayudar a cruzar a personas con menos experiencia o a niños.
No siempre es necesario vadear. En algunas ocasiones resulta desaconsejable y, sencillamente, puede no ser posible cuando el río está muy crecido.
Cuando no podemos cruzarlo, conviene recordar que el río tiene dos orillas y que muchas veces ya nos encontramos en la adecuada para pescar.
Tal vez sea necesario dejar de lado algunos sectores y caminar un poco más, aprovechando las oportunidades que vayamos encontrando.
Al comienzo de la temporada, cuando los ríos suelen llevar más agua, el vadeo se vuelve más difícil y, además, puede ser innecesario. En esas condiciones, los peces suelen ubicarse cerca de las orillas, por lo que muchas veces resulta preferible pescar nuestra propia margen antes que realizar un cruce improductivo.
Camine por el río con cuidado y respeto, evitando golpear innecesariamente las piedras del fondo y anunciar así a las truchas la presencia de un posible depredador.
Recordemos también que al remover el fondo podemos producir lo que los biólogos denominan “deriva catastrófica”: el desprendimiento de ninfas y otros organismos por causas
ajenas a su deriva natural.
En algunos ríos de Inglaterra, precisamente por el posible daño que el tránsito produce sobre la población de insectos acuáticos, existen sectores donde no está permitido vadear ni pisar el lecho.
Si se cae
Al vadear siempre existe la posibilidad de perder pie y caer al agua.
Si esto ocurre y consigue recuperar rápidamente el equilibrio y completar el cruce, deberá cambiarse la ropa mojada o tratar de secarla. Quítesela, escúrrala y déjela secar al sol si las
condiciones lo permiten.
Esto es importante para evitar un enfriamiento excesivo.
Si el día es frío y lluvioso, lo más conveniente será abandonar la pesca y buscar cuanto antes abrigo y ropa seca.
Si, a pesar de todas las precauciones, cae y es arrastrado por la corriente, trate de mantener la calma.
Si los waders se llenan de agua, recuerde que mientras permanece sumergido el agua que contienen no lo hará “más pesado” dentro del agua. También es falsa la creencia de que el aire atrapado en los waders hará que los pies floten y obligará a mantener la cabeza bajo el agua.
Si se encuentra en agua profunda, pero con una corriente suave, intente desplazarse con los brazos hacia la orilla, preferentemente hacia la zona que ya había identificado antes del cruce como posible salida.
Las piernas probablemente serán de poca ayuda porque los waders dificultarán la patada.
No desperdicie energía intentando mantenerse en posición vertical y buscando desesperadamente hacer pie. Esto puede resultar muy agotador.
Colóquese de costado y nade utilizando principalmente los brazos hasta alcanzar una zona de menor profundidad.
Si la corriente es más rápida, colóquese de espaldas, flexione las rodillas y mantenga los pies orientados aguas abajo. De esta forma serán los pies, y no la cabeza, los primeros en encontrar cualquier roca u obstáculo.
Utilice también los brazos para dirigirse progresivamente hacia la zona baja o hacia la orilla más cercana.
Concéntrese en salir del agua lo antes posible, no en salvar la caña. El equipo siempre puede recuperarse o reemplazarse.
La seguridad en el vadeo también implica evitar cruzar de noche, ya que la oscuridad multiplica las dificultades y hace mucho más difícil evaluar la profundidad, la corriente y los obstáculos.
Salvo que se trate de una verdadera emergencia, no vadee de noche.


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